Susana Veilati,soltar el control en el encuentro terapéutico,Presencia en la terapia

Cuando no sé, hago Presencia

Cuando dudes con un paciente, no te preguntes ¿qué hago?… sino ¿estoy presente?

La práctica clínica, en su esencia más profunda, nos enseña a soltar el control y a confiar en la sabiduría del momento. Cuando me anclo en la presencia, que a menudo se siente como una quietud física, el encuentro terapéutico se transforma. Deja de ser una interacción basada en la aplicación de técnicas y se convierte en una experiencia compartida.

La duda, que antes veía como una falta de claridad sobre la intervención «correcta», se resignifica. Ya no es una señal de mi insuficiencia profesional, sino una invitación a detenerme, a respirar y a reconectar con el momento. Es desde esa quietud donde surgen, con una fluidez inesperada, las intervenciones más pertinentes y las percepciones más agudas. En la presencia, la acción correcta no se piensa; se siente.

De la lógica a la conexión genuina

La pregunta inicial, «¿Y ahora qué hago?», nace de una lógica reactiva y procedimental. Al operar desde este paradigma, me convierto en una técnica que aplica una solución predefinida a un problema. Esta perspectiva genera una disociación sutil pero significativa: me vuelvo una observadora externa que intenta manipular una variable, en lugar de una participante activa y resonante en un proceso en relación. Se crea una distancia entre la experiencia del paciente y yo, lo que inevitablemente obstaculiza su progreso y el mio.

Por el contrario, la pregunta «¿estoy presente?» me invita a una introspección y a una conexión genuina. La presencia no es solo atención física, sino un estado de conciencia que incluye la receptividad emocional, la suspensión del juicio y la capacidad de habitar el momento actual sin la necesidad de anticipar el siguiente paso o de refugiarme en la teoría. Es un acto de escucha profunda, donde la intuición y la resonancia con el paciente tienen la libertad de emerger.